Adiós a las Armas

Dos sargentos desobedecen las órdenes y el oficial les dispara. Nadie cuestiona esa acción y siguen como si nada grave hubiera pasado. Muertos por sus propios camaradas. Lo absurdo de la guerra. Del clásico de la literatura inglesa Adiós a las Armas, de Ernest Hemingway
Los dos ingenieros ya estaban en el asiento junto a Bonello. Las chicas comían queso y manzanas. Aymo estaba fumando. Empezamos a andar por el estrecho camino. Miré de nuevo a los dos coches que venían y a la granja. Era una linda casa de piedra sólida, baja y el hierro del pozo era muy bueno. Delante de nosotros el camino era estrecho y lleno de barro y había arbustos altos a cada lado. Detrás, los coches estaban siguiéndonos de cerca.
Al mediodía nos quedamos atrapados en un camino barroso, a diez kilómetros de Udine. La lluvia había cesado durante la mañana. Tres veces habíamos oído los aviones venir, pasar sobre nuestras cabezas, alejarse a la izquierda y bombardear el camino principal. Habíamos viajado a través de una red de caminos secundarios y habíamos tomado muchos caminos que no tenían salida. Retrocedíamos y buscábamos otro camino, más cerca de Udine. El coche de Aymo, retrocediendo para escapar de un camino sin salida, se había metido en un pantano y las ruedas giraban, cavando más y más hasta que el coche se apoyó en su diferencial. Ahora quedaba cavar el frente de las ruedas, poner ramas para que las cadenas tuvieran agarre y empujar hasta que el coche estuviera en el camino.

Todos estábamos en la carretera alrededor del coche. Los dos sargentos miraron el coche y examinaron las ruedas. Luego comenzaron a andar por la calle sin una palabra. Fui tras ellos.
-Vamos, les dije. Corten matorrales.
Australian soldiers firing at
 enemy planes
-Tenemos que irnos, dijo uno.
-¡A trabajar!, les grité.
-Tenemos que irnos, repitió uno. El otro no dijo nada. Tenían prisa en irse. No me miraron.
-Les ordeno que vuelvan al coche y corten la maleza, les dije. El sargento se volvió. Tenemos que seguir adelante. Dentro de poco estará bloqueado. No nos puede mandar. Usted no es nuestro oficial.
-Les ordeno que corten la maleza, les grité. Se volvieron y comenzaron a caminar.
-Alto, les dije. Siguieron caminando por el barro, con los arbustos a los costados del camino. Les ordeno que se detengan, grité.
Fueron un poco más rápido. Abrí la funda, tomé la pistola, apunté al que había hablado más, y disparé. Erré y ambos empezaron a correr. Les disparé tres veces y uno de ellos cayó. El otro corrió por los arbustos y se perdió de vista. Le disparé a través de los arbustos mientras corría por el campo. Vacié la pistola y puse otra carga. Vi que estaba demasiado lejos para disparar al segundo sargento. Estaba al otro lado del campo, corriendo, con la cabeza gacha. Comencé a recargar el cargador vacío. Bonello se acercó.
-Déjeme terminarlo, dijo. Le entregué la pistola y caminó hacia donde el sargento de ingenieros yacía boca abajo en el camino. Bonello se inclinó, puso la pistola contra la cabeza del hombre y apretó el gatillo. La pistola no disparó.
-Hay que amartillarla, le dije. Amartilló y disparó dos veces. Agarró las piernas del sargento y tiró de él hacia el costado del camino. Regresó y me entregó la pistola.
El hijo de puta, dijo. Miró hacia el sargento. ¿Me vió dispararle, Tenente?
-Tenemos que movernos rápido, le dije. ¿Le dí al otro?
-No lo creo, dijo Aymo. Estaba demasiado lejos para dispararle con una pistola.
-Basura, dijo Piani. Todos estábamos cortando ramas. Habíamos sacado todo del coche. Bonello cavó delante de las ruedas. Cuando estuvimos listos Aymo arrancó el coche y lo puso en marcha. Las ruedas giraron tirando barro. Junto a Bonello empujamos hasta quedar exhaustos. El coche no se movió… (Traducción propia, Adiós a las Armas, de Ernest Hemingway, capítulo 29)

El autor
Ernest Miller Hemingway (1899 –1961) fue un autor y periodista norteamericano. Su estilo económico tuvo una gran influencia en la ficción del siglo 20, mientras su vida de aventuras y su imagen pública influenciaron a varias generaciones.
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De la web
Character list, A Farewell to Arms. Cliffsnotes