Etham Frome

Etham Frome es una novela publicada en 1911 por Edith Wharton, ganadora del premio Pulitzer. Tiene lugar en el ficticio pueblo de Starkfield, Massachusetts…

"…la villa se extendía bajo un manto de nieve con ráfagas de viento en sus esquinas. La luna estaba tan transparente que los frentes blancos de las casas se veían grises contra la nieve, los arbustos reflejaban manchas sobre ellos y las ventanas de la iglesia lanzaban luces amarillas sobre las ondulaciones.
El joven Etham Frome caminó a paso rápido por la desierta calle, pasando el banco, el nuevo negocio de Michael Eady y la casa de Lawyer Varnum. Frente a la reja de Varnum se ubicaba la iglesia. A un costado algunos caballos cubiertos con mantas.

La noche estaba perfectamente calma y el aire tan seco y puro que daba poca sensación de frío. Frome sintió una especie de ausencia de atmósfera, como si nada menos tenue que el éter interviniera entre la tierra debajo de sus pies y el metálico techo sobre él. Cuatro o cinco años atrás había tomado un curso en una universidad tecnológica de Worcester y los recuerdos todavía volvían a su mente. La muerte de su padre, y las desventuras que siguieron, pusieron fin a sus estudios.
etham frome
Portada de la primera
edición

Al final de la villa se detuvo frente al oscurecido frente de la iglesia. Respiraba agitadamente, mirando la calle donde no se veía a nadie. El joven se dirigió hacia el sótano. Para mantenerse fuera de la vista de la gente se movió por el lado de la nieve que no era transitado y se fue acercando a un lado del sótano. Envuelto en la oscuridad se acercó cautelosamente a una ventana.
Visto así, desde la oscuridad pura y helada en la que se encontraba, parecía estar en plena ebullición en una bruma de calor. El suelo estaba atestado de niñas y mujeres jóvenes. En la pared lateral frente a la ventana había una fila de sillas en la que las mujeres de más edad apenas se habían levantado. En ese momento la música se había detenido, y los músicos -un violinista, y la joven que tocaba el armonio los domingos- se apresuraron a refrescarse en una esquina donde estaba la mesa de la cena, que alineaba platos y platillos de helados. Los invitados se disponían a salir, y la marea ya estaba en el pasaje donde se colgaban los sacos y envolturas, cuando un hombre joven con el pelo negro se dirigió al centro de la pista y aplaudió. La señal tuvo efecto instantáneo. Los músicos se apresuraron a sus instrumentos, los bailarines se acomodaron en línea a cada lado de la sala, y los espectadores de más edad se deslizaron de nuevo a sus sillas. El joven vivaz, después de bucear por aquí y allá en la multitud, sacó una chica que ya había colocado un sombrero sobre su cabeza, y, llevándola hasta el final de la pista, la hizo girar al sonido de la música de Virginia.
El corazón de Frome latía rápidamente. Había estado esforzándose por tener una idea de la cabeza oscura bajo el pañuelo de color cereza y le molestó que otro haya sido más rápido que él. El líder de la danza, que parecía como si tuviera sangre irlandesa en sus venas, bailaba bien, y su compañera le seguía el paso. Al pasar por la línea, su ligera figura se balanceó de mano en mano en los círculos que aumentaban rapidez, la bufanda voló de su cabeza y se puso detrás de sus hombros. Frome, en cada vuelta, vio a sus labios riendo jadeantes, el pelo oscuro sobre la frente y los ojos oscuros que parecían los únicos puntos fijos en un laberinto de líneas de vuelo..." (Traducción y adaptación propia de Etham Frome, de Edith Wharton)

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